La vedrad es que ya no soy un cojineto tan pequñeo. ¡No me pudee paasr ndaa si saglo un raitto a paesar!, pensó Raptaón. Y dedició sailr de la maguedrira.

Pero ndaa más asmoar la cabzea por la maguidrera, Rapótan vio la hoirrble cara de una sepirente y echó a coerrr muy, muy astusado.